God jul!!!

God jul! es lo que viene siendo en noruego ¡Feliz Navidad! y aunque ahora esté en casita disfrutando de los míos parte de Noruega estará con nosotros porque como parte de mis regalos de Navidad importé salmón en cantidades algo desmesuradas. Para algo barato que se puede traer, había que aprovechar :P

Y no debe estar muy malo porque fue abrirlo para Nochebuena y mientras mi pobre madre lo iba cortando con paciencia todos íbamos picando y comentando que sabe distinto al salmón que nos venden aquí por mucho que también ponga que es noruego. Vamos, que este año en mi casa en lugar de abrir un jamón abrimos un salmón, pero hasta mi abuelo estaba encantado con el cambio ;-)

Evidentemente si estoy en España pocas tradiciones noruegas de Navidad puedo compartir con vosotros, aunque alguna cosa que otra pude experimentar antes de venirme.

Para empezar, si nos quejamos de que cada año la campaña de Navidad empieza antes, en Noruega la cosa es todavía más exagerada. Yo recuerdo volver a eso de finales de septiembre de Dubrovnik (no penséis mal, estábamos en un curso, qué más me hubiera gustado a mí que ir de vacaciones…) y encontrarme ya el super plagado de cosas que no había visto antes. Había un ponche extraño, galletas, velas, etc. Y es que en Noruega como en cualquier país, también hay alimentos típicos de Navidad y tradiciones que guardar.

Para empezar, los noruegos esperan como locos la llegada a los supermercados del ponche de Navidad (o al menos en mi piso), así que poco tardé en poder probar el famoso “julebrus”. A mis compis de piso parecía encantarles pero si os soy sincera a mí me recordaba a una especie de jarabe de fresa de cuando éramos pequeños pero con gas. Vamos, que no me convertí en fan incondicional del brebaje en cuestión.

Otra cosa muy típica son las galletas de pimienta. Si los alemanes hacen galletas de Navidad, los noruegos no iban a ser menos y también tienen las suyas propias. Y las “pepperkaker” la verdad es que no están nada mal. Son parecidas a las especulatius que venden en Ikea y que o bien adoras o bien odias, pero en lugar de tener jengibre tienen pimienta. De hecho en el super te venden hasta kilos de masa para hacer las galletas en casa y yo he traído un paquete para hacer galletas con los sobrinos de Chufita siempre y cuando galleta no aparezca antes de tiempo en escena, que todo puede ser ;-)

A mi amiga Paula le cayó la casita de galletas de pimienta para construir (lo malo es que las instrucciones están en perfecto noruego y una servidora aún no las ha traducido… a ver si me pongo a ello o colaboro en las tareas de arquitectura, que a este paso terminarán las vacaciones y la casita seguirá en su caja. Y a Silvia también le cayó una caja de galletas. Esto de que justo sean los cumpleaños cuando vengo me da mucho juego. Josecico… qué te caerá a tí???? :P

Otra tradición navideña noruega es el gløgg, que en Alemania viene siendo Glühwein (vino caliente) y se toma en los mercados de Navidad. Sin embargo, en la versión noruega el vino se toma en casa y se le añaden almendras y pasas y el sabor es distinto al del Glühwein. Keren, una de mis compañeras de piso, organizó una fiesta de Navidad en casa y tomamos gløgg, mandarinas (parece que también son típicas para Navidad y de hecho en los supers las encuentras en cantidades industriales), y pepperkaker, ¡por supuesto! La verdad es que recuerdo con mucho cariño esa noche del 2 de diciembre porque realmente nuestra casa se llenó de espíritu navideño y además logré pasarme toda la noche hablando noruego y jugar a juegos sin usar prácticamente el inglés.

Supongo que el año que viene descubriré más tradiciones navideñas de Noruega pero de momento creo que con lo que os he contado tenemos de sobras para este año ;-)

God jul en gang til! (¡Feliz Navidad otra vez!)

Calling Dr. Gun

Esta entrada es sobre las defensas de tesis en Noruega. El jueves y el viernes tuve la oportunidad de asistir a una de una compañera y la verdad es que son impresionantes.

A ver, la parte académica obviamente no es lo más emocionante, así que tampoco me voy a entretener mucho en ello. Digamos que el candidato a doctor tiene que dar una clase magistral un día y al día siguiente defiende su tesis, pero es un debate en el que dos miembros del tribunal preparan una presentación sobre la tesis del candidato en cuestión y le van haciendo preguntas (lo bueno fue que donde más hincapié hicieron fue en la necesidad de resolver lo que yo pretendo resolver en mi tesis, así que al menos el tema está bien escogido :D ). En cualquier caso, no fue como las defensas que yo había visto en España y hasta diría que fue emocionante ver el debate.

Pero lo verdaderamente emocionante es lo que sucede después. Las defensas se suelen hacer en viernes, y ahora entiendo porqué. El día que terminas la defensa se organiza una cena y se invita a familiares, amigos y compañeros más cercanos. Cuando pregunté cómo había que ir vestido me dijeron que muy formal. Así que bromeando respondí, ¿como a una boda? y me dijeron ¡sí! ¡como a una boda! La verdad es que Bamba me lo había advertido porque él ya fue a otra defensa y el pobre se sintió fatal cuando fue con sus vaqueros y su ropa normal. Eso sí, he de matizar que como a una boda pero noruega, no española ;-)

Pero no os vayáis a pensar que simplemente fui a la cena el viernes. Resulta que el domingo anterior (4 de diciembre), mi jefe nos mandó un mail a varios de los invitados convocándonos a los ensayos de las canciones de la cena e informándonos de que había averiguado que a la chica en cuestión le encantaba KISS y que por eso había preparado dos versiones de dos canciones de KISS (menos mal que la SGAE no llega a Noruega, que si no capaces son de mandarnos una factura por versionar canciones…). Y al más puro estilo de los gandules (aunque ellos lo hacen mucho mejor que nuestro intento de aficionados) de repente destrozamos dos canciones y las convertimos en juegos de palabras y bromas sobre la tesis en cuestión. Vale, a la mayoría de los mortales no les harán gracia, pero para lingüistas la cosa tenía su miga :P

Y llegó el gran día… a las 6 de la tarde cogimos un maxi-taxi (que viene a ser un taxi gigante para 8 personas) con todo nuestro equipo. Porque no os vayáis a pensar que éramos 4 pringaos cantando una versión chunga de dos canciones de Kiss, no señor. Ver a tu jefe tocar la guitarra eléctrica, programar una batería y un teclado en el ordenador y, lo que es más chocante aún, poseer un equipo de música para un grupo entero no tiene precio. Además de eso, otra compañera del departamento resulta que es la guitarrista de un grupo noruego y se ofreció a tocar también. Y luego el hijo de Victoria había sido el cantante de varias bandas y lo convencimos para que hiciera de solista. Vamos, que la menos musical de todo el grupo era yo, que junto a Nazareth y Victoria me encargaba de los coros… Pero no nos faltaba de nada, micrófonos, mesa de mezclas, amplificadores, dos guitarras eléctricas, el resto de la banda programada debidamente en el ordenador… ¡Alucinante!

La cena comenzó con una recepción con champán y un kas de manzana raro que Bamba me hizo probar para asegurarse de que no tenía alcohol (mira que lo preguntó, pero no se fiaba, así que hice el control de calidad para que el mozo bebiera tranquilo). Doy fe de que la gente iba muuuuy arreglada. De hecho Bamba esta vez se había comprado un traje de chaqueta para la ocasión. Lo más chocante es que yo iba toda mona con mis taconazos desde casa y las noruegas llegaban con unos zapatroncos que la verdad mucho no pegaban con sus vestidos. Total que llegaban al guardarropa, abrían sus bolsos… y tacháaaaaan! Se cambiaban de zapatos a unos de salón un poco más apropiados. Para la próxima vez haré lo mismo, que eso de ir jugándome la vida por el hielo con los tacones no fue una experiencia que quiera volver a repetir.

Las mesas se organizan como en las bodas, con nombres de quién se sentaba en cada una. De hecho, una chica muy maja que había en la mía dijo: “estas cenas son como una boda, pero para uno mismo”. Y es verdad, en la mesa “presidencial” estaba la recién estrenada doctora con su supervisor, el tribunal (que son los invitados de honor a la ceremonia), y el maestro de ceremonias. Porque no os lo perdáis, hay un maestro de ceremonias (con campana incluida para llamar la atención), que te informa en todo momento de lo que va a suceder. Y si quieres hacer alguna actuación/discurso o lo que sea, se lo tienes que comunicar para que te asigne un hueco en la agenda, no os vayáis a pensar que los espontáneos son bienvenidos.

Así, primero nos contaron lo que íbamos a cenar, y luego nos dijeron todo lo que iba a pasar. Entre plato y plato hubo varios discursos. El jefe del departamento (esta vez estaba representado porque estaba enfermo el pobre, pero dejó su mensaje), el del representante del tribunal (que es un miembro del tribunal que pertenece a la Universidad de Bergen), el del supervisor de la tesis, etc. Y entre el plato principal y el postre nos tocó actuar. Sonar no sé si sonó bien, pero reírnos nos reimos un rato. Porque por alguna razón (¿los nervios del directo? ¿demasiado vino como apuntó Koenraad?) tardamos 4 intentos en lograr cantar “Calling Dr. Love” de Kiss que en nuestro caso era “Calling Dr. Gun” porque la protagonista se llama Gunn Inger. Menos mal que la segunda canción (I’m done with my PhD -Back in the NY Groove) la clavamos, que si no… En cualquier caso, la gente se lo pasó super bien (o eso nos dijeron para que no nos sintiéramos mal).

Y la cosa terminó cuando el maestro de ceremonias anunció que a partir de un momento determinado teníamos que pagar nuestras bebidas. Por supuesto hubo gente que fue al bar y se compró una copa de vino (eso de los cubatas en Noruega no se estila, en eso me recuerda a Alemania…), pero nosotros tardamos poco en irnos porque aunque me hubiera quedado hasta el final, el sábado cogía un avión a España y mi maleta estaba aún sin hacer (de hecho no la había bajado ni del altillo), y era ya la 1 de la mañana.

En enero tenemos otra defensa de tesis, ya os contaré qué cantamos o cómo montamos el espectáculo. En cualquier caso, me lo pasé muy bien y al fin y al cabo eso es lo que cuenta. Y después de esta entrada creo que me vais a tener que perdonar una temporadita porque voy a estar en España trabajando y no tendré anécdotas que compartir con vosotros. Eso sí, intentaré ponerme al día con alguna entrada antigua de esas que tengo pendientes.

;)

Que nieve, que nieve…

Si hace una semana os contaba cómo uno en Bergen o se acostumbra a la lluvia o se acostumbra y no le queda otra, la semana pasada cambiamos la lluvia por nieve durante unos días y la ciudad cambió radicalmente.

Como bien sabéis la nieve a mí me encanta, así que eso de levantarte un día y ver que estaba todo nevado fue una inyección de energía positiva increíble. Parecerá una tontería pero a pesar de que estuvimos dos-tres días sin parar de nevar y llegó un momento en el que hasta podría haber llegado a mi despacho esquiando literalmente, yo solo pensaba en que me apetecía más subirme al monte o tener los esquís en Bergen que en trabajar o hacer los exámenes de noruego (o vikingo como suelo decir con cariño).

Y es que Bergen de lunes a miércoles estuvo preciosa. Para que veáis que no engaño, os dejo una foto de cómo estaba todo de nevado para que veáis que no engaño. Me hubiera gustado hacer más fotos, pero la gran nevada coincidió con mis exámenes de noruego y además en las escasas horas de luz que tenemos en Bergen estaba trabajando…

Jardín botánico nevado

Este es el jardín botánico, lo tengo que atravesar todos los días para ir a mi despacho y nevado estaba precioso

El inconveniente de la nieve y el frío en Bergen es que obviamente la nieve que se derrite se convierte en hielo. Y si a eso añadimos que el jueves y viernes subieron las temperaturas un poco y volvimos a cambiar nieve por lluvia, podéis imaginaros cómo quedó todo: Bergen era una pista de patinaje sobre hielo. Y caminar por el hielo, que ya de por sí puede ser complicado, en una ciudad llena de cuestecitas puede llegar a convertirse en un deporte de riesgo. Y si yo tenía que andar con cuidado, imaginaros a una pobre mujer que me crucé subiendo con el carrito de su nieto una de las bonitas cuestas de Bergen. Supongo que están acostumbrados y no es novedad para ellos, pero vamos, el carrito necesitaba cadenas de nieve como las de los coches (o eso pensé yo). Y la cara de la criatura era todo un poema entre emoción por la aventura y miedo por lo que pudiera pasar.

Mi casa está en una calle a la que solo llegas bajando o subiendo una cuesta, así que después de bajar y subir varias veces simulando que esquiaba por la mezcla de hielo y nieve decidí hacer como los noruegos y comprarme en el super unos crampones para los zapatos (sí, en el super… vamos, como ya comenté en mayo o junio, en diciembre los crampones se convierten en un bien de primera necesidad y se pueden comprar en el supermercado). He descubierto que solo los que se han esmoñado alguna vez se los compran porque si no son demasiado orgullosos y según ellos como buenos noruegos tienen que ser capaces de andar sobre cualquier superficie. Pero yo decidí que por antiestéticos que parecieran era más importante no partirme una pierna haciendo el animal (sobre todo porque se acerca la temporada de esquí), y me hice con un paquete de crampones adaptables a cualquier zapato.

Para que no os imaginéis algo raro me hice unas fotos con ellos y así los podéis ver:

Crampones

Así de bonitas quedaron mis botas con los crampones puestos...

Crampones_2

Y como con tanta nieve no se veían bien, os dejo esta otra foto donde se ve claramente cómo quedan...

Los hay de muchos tipos, pero básicamente todos tienen en común que tienen una goma para fijarlos a los zapatos y unos cuantos pinchos metálicos en la parte delantera. La verdad es que yo pasé de ir en tensión y alerta para no caerme a andar como si fuera Speedy González. Menuda diferencia. Eso sí, como tengas que andar por un sitio sin hielo la cosa es bastante incómoda… Yo me acordé de cuando era pequeña y jugaba a andar de talones con mis amigos en lugar de andar normal. Pero al margen de eso, absolutamente recomendables.

¡Ah! y no os vayáis a pensar… cuando he dicho que se adaptan a cualquier zapato, se incluyen los zapatos de tacón si es necesario :P Yo no lo he probado, pero en la caja hay fotos que muestra cómo ponértelos…

El sábado me tocaba volar a España y por desgracia ya solo quedaba nieve en las montañas, la ciudad volvía a estar limpita, pero espero que en enero me de la bienvenida vestida de blanco. Y entonces prometo subir a Fløyen o Ulriken y hacer fotos desde arriba que debe ser espectacular (además me quedé con las ganas, ¡todo sea dicho!)

¡Besicos!

Los pájaros

Cuando dije que me iba a venir a Noruega todo el mundo me habló de auroras boreales, fiordos, noches en blanco y demás cosas bonitas que se pueden ver en este país. Sin embargo, nadie me advirtió de que en ocasiones Bergen parece convertirse en el pueblecito de la peli de Los Pájaros. Gaviotas, palomas, cuervos y picarazas conviven en amor y armonía por el centro de la ciudad dispuestos a interceptar tu camino sin parecer importarles lo más mínimo.

En mayo y junio me resultó sorprendente la cantidad de gaviotas que se encontraba uno por la calle conviviendo junto a las palomas (que parecen poder vivir en cualquier climatología, las muy…). A ver, no es de extrañar lo de las gaviotas, si uno piensa que estamos en la costa, noruega, pero en la costa y que en aquel verano de hace ya unos cuantos años cuando solo tenía 13 ó 14 primaveras mi amigo Antonio (Majoni…) y yo nos dedicábamos a hablar sobre las gaviotas en Hastings, donde el tiempo tampoco es que sea precisamente paradisiaco. Así que digo yo que también pueden vivir un poco más al norte.

Eso sí, eso de que con el invierno las aves emigran al Sur no lo tengo yo tan claro, eh? O bien las nubes de Bergen les han impedido emigrar y se han quedado atrapadas aquí (menos mal que no estamos en Tromsø y las temperaturas son más moderadas…), o estos animalitos son capaces de sobrevivir a cualquier condición climatológica.

No obstante, las gaviotas son un ave al que yo al menos no estoy muy acostumbrada y, las cosas como son, hasta me dan cierta grimilla. Hace un par de semanas las vi junto a los patos del lago hexagonal gigante (? no tengo muy claro cómo llamarlo…) que hay en el centro. Debe ser que son muy sociables y no hacen ascos a la raza de ave de sus amigos, cosa que por otra parte me parece genial (ya podrían aprender muchos humanos de estas gaviotas…) ;)

Pero sin duda lo más sorprendente es el tema cuervos. Porque si las gaviotas dan grima, los cuervos más. Sobre todo si se ponen a graznar. Y eso que en el fondo hasta le tengo que dar las gracias a uno que debe vivir cerca de mi ventana porque si no fuera por él más de un día no habría llegado a clase de noruego. Es algo así como mi despertador personal (ya que la luz no ayuda…).

A las pobres palomas no les voy a dedicar ningún capítulo que total las tenemos ya muy vistas en España y aquí son igual de tontas o más. Eso sí, a pesar de todo todavía (toquemos madera), no he sido bautizada por ningún ave que se haya cruzado por mi camino :D

Y hasta aquí mi breve reflexión sobre las aves y Bergen. Esta vez hasta he logrado no enrollarme como las persianas y ser breve!!!

Besicos…

Que llueva, que llueva…

la virgen de la cueva, los pajaritos cantan… todos conocemos esa canción de cuando éramos críos, ¿no? Pues aquí en Bergen parece que todos esos cantos infantiles hayan surtido efecto por una buena temporada. Y es que llevamos con lluvia yo creo que más dos semanas… Vale, en algún momento la lluvia nos ha dado tregua (menos mal), pero creo que no miento si aseguro que nos ha llovido todos los días, unos con más intensidad que otros.

Hay un dicho noruego que dice que no existe mal tiempo, sino indumentaria inadecuada. Y nunca mejor dicho porque aquí o te haces amigo de la lluvia o corres el riesgo de pasarte la mayor parte del año encerrado en casa. Una de las primeras cosas que leí sobre Bergen cuando supe que me venía aquí a vivir fue que era la ciudad más lluviosa de Europa. Y doy fe. Ahora llevamos una buena racha de lluvias y en junio también tuvimos unos 20 días lluviosos sin parar.

De hecho aún recuerdo mi mudanza bajo la lluvia: yo, ilusa de mí, había empaquetado TODAS mis pertenencias, incluidos mi chubasquero, mis sobre-pantalones impermeables de lluvia y mi paraguas. Llevábamos una semana con bastante buen tiempo, tanto que me dio tiempo a ver cómo los noruegos se despelotaban sin ningún tipo de pudor en los jardines de al lado de la universidad para estudiar tomando el sol. Yo igual soy un poco más antigua para estas cosas, pero eso de quedarme en paños menores en mitad de un jardín que está literalmente en frente de la Biblioteca de la Uni y de mi facultad como que no me parece lo más normal…

En cualquier caso, lo último que yo me esperaba es que justo el día que iba a hacer mi mudanza el tiempo decidiría cambiar. Menos mal que llevaba un mes y por tanto mis pertenencias tampoco es que fueran tantas: mis dos maletas de ropa y luego eso sí, todas las viandas y demás cosas necesarias para poder cocinar algo decente (los que me conocéis sabéis que me gusta cocinar, aunque no lo haga tan a menudo como me gustaría). Pues bien, aquí servidora acabó con unas extrañas manchas azules por las piernas. Total que yo pensé… ¿y cómo me he hecho yo tantas moraduras si lo único que he hecho ha sido arrastrar maletas de un sitio a otro? El misterio se resolvió en la ducha. No eran moratones, no. Resulta que con la lluvia mi querido pantalón vaquero decidió desteñirse y dejarme unos bonitos recuerdos por las piernas…

Y ahora que llevamos también una buena temporada de lluvias me he acordado de ese día, de cómo haciendo frente a la climatología Paula, Vanesa y yo subimos a Preikestolen, y cómo esta semana llegué a clase un día convertida en una especie de muñeco de nieve con patas porque se puso a granizar y acabé cubierta de bonitas bolas de hielo por todas partes. Cuando me quité el abrigo aún cayeron al suelo bolitas de hielo… Y es que me río yo de mi querido cierzo cuando en Bergen tenemos tormenta. No me extraña que la tienda de reparación de paraguas que hay en el centro no tenga un cartelito de “out of business” porque con lo que llueve y las ráfagas de viento que tenemos lo raro es que no se de la vuelta al paraguas unas 4 ó 5 veces por trayecto. Esta semana ha habido días que más que para cubrirme el cuerpo lo usaba de escudo contra la lluvia y el viento, con el consiguiente riesgo de chocarte con alguien porque si usas el paraguas de escudo lo único que ves son los 5 metros de suelo que tienes delante de ti pero no a quién te viene de frente.

Y por si alguien tiene alguna duda sobre cómo se las gasta el tiempo aquí, atención a las vistas desde mi despacho este miércoles durante nuestras escasas horas de sol:

Granizada en Bergen

Vista de cómo quedó la calle después de la granizada monumental del miércoles...

Por si alguien tiene alguna duda, ese camión rojo que se ve es el de los bomberos. Que con la que cayó saltó la alarma de incendios en nuestro edificio y desde entonces tenemos un bonito pitido cada 5 segundos recordándonos que el sistema se ha roto por algún rayo o yo qué se. Eso sí, el que piense que al menos tuvimos un rescate y nos alegramos la vista con el cuerpo de bomberos de Bergen que lo descarte ipso facto… vinieron ataviados cual si fueran a entrar en un edificio en cuarentena. Ni siquiera pude verles bien la cara. Y encima en cuanto constataron que no estábamos ardiendo ni corríamos ningún peligro se largaron y nos dejaron la alarma pitando de recuerdo. El viernes al mediodía cuando después de comer la alarma seguía pitando decidí coger mis bártulos y trasladar mi despacho a mi habitación hasta nuevo aviso. Al parecer no la pueden apagar y como ha pasado lo mismo en más edificios y nosotros no somos gente importante estamos en la cola del servicio técnico…

Y hasta aquí el capítulo de lluvias y tempestades en Bergen. Otro día os cuento cómo la falta de horas de luz te desorienta tanto que no sabes cuándo es de día y cuándo es de noche y se te alteran los horarios…

¡Un besico!

Preikestolen, al filo de la tormenta

Antes de que empecéis a leer os debo advertir lo siguiente… esta es una de mis queridas entradas kilométricas. Va dedicada a sus co-protagonistas: mis amigas Paula y Vane.

Hace un par de entradas os decía que además de las últimas novedades tenía pendiente escribir varias entradas. Una de ellas es ya un poco vieja y muchos de vosotros puede que hasta hayáis visto ya el vídeo, pero “just in case” os pondré en contexto.

Allá por finales del mes de julio mis amigas Pauli y Vane decidieron venirme a visitar. Era la primera incursión aragonesa a tierras vikingas, tal y como reza una de las notitas que escondieron por casa y que ahora tenemos en la nevera sujeta por un bonito imán. Aunque yo tenía que trabajar y no podía irme de visita con ellas logramos hacer un viaje equilibrado en el que dormimos/durmieron un día sí uno no prácticamente y yo pude compaginar trabajo con alguna visitilla turística. El primer día las pobres llegaron muertas después de no sé cuántas horas de viaje y las llevé de visita por Bergen aprovechando que aún quedaban unas cuantas horas de luz (y eso que desde la noche de San Juan la noche volvía a ganar terreno al día).

Al día siguiente… bueno, aunque os podría contar con todo detalle su visita, os dejaré con la miel en la boca para que os animéis a subir y me voy a centrar en una de nuestras excursiones por tierras vikingas. Tal y como dice el título, esta entrada está dedicada a nuestro heroico ascenso hasta Preikestolen, más conocido en español como “el púlpito”. Se trata de una formación rocosa cerca de Stavanger (una ciudad al sur de Bergen y conocida sobre todo porque muchas de las empresas de la industria del petróleo están allí). Pero… ¿por qué es conocido Preikestolen? Bien, su principal reclamo  consiste en que termina en una meseta con una caída vertical de 604 m y desde la se puede ver el Lysefjord (o fiordo de la luz), si las condiciones climatológicas lo permiten:

Imagen de Preikestolen

Imagen de Preikestolen y de lo que deberíamos haber visto tomada de una web turística ya que nosotras no tuvimos tanta suerte con la climatología

Nuestro día comenzó a eso de las 4:30 am en Bergen porque cogimos un avión a Stavanger a primera hora de la mañana para intentar aprovechar el día al máximo y eso implicaba tener que llegar al aeropuerto a tiempo para embarcar. Nuestra primera aventura fue llegar a tiempo y no perder el vuelo. Uno piensa que en los países nórdicos eso de la puntualidad es normal y si el bus sale del aeropuerto sale a una hora del centro confías en que es porque lo tienen medido para que no pierdas el avión y que efectivamente el autobús estará en la parada a la hora prevista. Pues no: eso del horario aquí es algo así como una hora aproximada de salida (vamos, igualito que en España). Después de ponerme histérica pensando que perdíamos el avión, alucinar con la cantidad de gente que coge un avión a las 7 am y va al aeropuerto de madrugada y organizarnos para que una hiciera el check-in en las máquinas mientras las otras dos se encargaban de coger nuestra trolley para la excursión, aún nos sobró tiempo y todo. Como anécdotas de nuestro paso por el control de seguridad podemos destacar la gentileza noruega en cuanto a las bolsitas de líquidos (te dan toooodas las que quieras), y también el alucinante hecho de que Vane no llegó a sacar su DNI de la cartera y es que lo de los vuelos domésticos en Noruega es como quien coge un bus de ALSA o un AVE en España, los viajes en carretera son tan largos que la mayoría de la gente vuela si puede.

A eso de las 8 am estábamos ya en el centro de Stavanger dispuestas a subir a donde hiciera falta, peeeeero aún nos quedaban por coger un ferry y un bus para poder llegar al albergue que hay al pie de Preikestolen y empezar la excursión de verdad. Total que llegamos, nos cambiamos de ropa en el albergue, dejamos la trolley en un guardaropa y nos preparamos para hacer frente a cualquier adversidad climática que nos pudiéramos encontrar. Menos mal que hicimos buen acopio de bolsitas de líquidos en el aeropuerto, porque con la que estaba cayendo hasta los kleenex tuvimos que proteger…

Y una vez metidas todas nuestras pertenencias en bolsas y preparadas con pantalones de lluvia y chubasqueros comenzamos nuestra andadura. Porque como dicen los noruegos, no hay mal tiempo, sino ropa inadecuada (supongo que es porque si aquí condicionas tu ocio al tiempo no saldrías de casa la mitad de los días del año). Y no es para menos, porque entre la lluvia, el viento y el granizo, aún tuvimos suerte de que justo al llegar arriba tuviéramos 20 minutitos (los justos para comernos un sandwich) sin que nos lloviera. Eso sí, el vídeo que demuestra nuestro ascenso es la prueba de que no exagero cuando digo que hacía un día de perros:

Preikestolen: las vistas fantasma

¡Pero allí que subimos las tres valientes! Y cuando llegamos al albergue nos dimos cuenta de que nos daba tiempo a coger el último bus a Bergen y así nos ahorrábamos la noche en el albergue y podíamos aprovechar el día siguiente en Bergen. Así que recuperamos nuestra trolley, nos cambiamos y secamos en los baños del albergue, cancelamos la reserva y cogimos bus y el ferry hasta Stavanger. De hecho hasta nos dio tiempo a pasear un poquito antes de pillar el bus (aunque no mucho porque ya estábamos hartas de tanta lluvia y llevábamos más de 12 horas en pie…). Tres trayectos por carretera y dos ferries más tarde logramos llegar a Bergen sanas y salvas a eso de las 23:30h.

Este es el resumen de la excursión:

Horas en pie: Aproximadamente 20.

Medios de transporte: 13 – bus, avión, bus, ferry, bus, “a pata”, bus, ferry, bus, ferry, bus, ferry, bus. Vamos, que nos faltó andar en bicicleta o ir a remo un tramo.

Alojamientos no empleados: 1

Percances: Ninguno grave.

Climatología: lluvia, viento, granizo, sol, nubes… ¡De todo!

Anécdotas: Muchas ;) . He de dedicar una mención especial al padre alemán que hizo que me cayera por intentar advertirle de que había un tramo que resbalaba mucho y que tuviera cuidado. El hombre llevaba a su hijo de unos 2-3 años en una silla de esas que se ponen en la espalda y quisimos decirle que fuera por otro camino más fácil o que tuviera cuidado (eso de que se cayera con niño incluido nos daba bastante respeto). Total que por girarme y hablarle en su lengua materna porque el hombre el inglés como que no lo oía, servidora acabó en el suelo con un rasguño en la mano. Pero lo que realmente me fastidió fue que el niño se burlara de mí y el padre, todo orgulloso le siguiera la broma y le dijera que ¡él no se había caído porque era mucho más hábil que yo! Al menos podría haberse esperado a que estuviéramos más apartados, que si le había hablado en alemán también podía entender la conversación con su hijo y en el fondo no se cayó porque nosotras se lo advertimos y yo me caí por dejar de prestar atención al suelo y hablarle en su idioma.

Y hasta aquí el reportaje sobre nuestro ascenso a Preikestolen. A los próximos valientes les retaré a volver a subir o probar con Kjerag, que también promete:

Kjerag

Foto tomada de una web turística ya que servidora aún no ha hecho esta excursión

¡Hasta pronto!

Anécdotas de gimnasio II

Como lo prometido es deuda y aunque he tardado un poco más de lo que pensaba, aquí me tenéis, escribiendo una nueva entrada. Y como ya dije que el tema del gimnasio daba mucho más de sí, aquí va la segunda parte.

Como ya adelanté, el sistema de reservas tiene su aquel. Tanto que ya me han vetado porque para el ordenador he faltado a tres clases sin anular mi reserva mínimo 3 horas antes. Resulta que si 3 minutos antes de la clase no has sacado el ticket de la máquina, esta anula tu reserva automáticamente y te da una penalización. Total que yo llegué un poco justa a dos clases y eso unido a que en mayo se me olvidó cancelar una, pues nada, alcancé hace poco el máximo de 3 penalizaciones y ahora tengo dos opciones: pagar una multa o esperar a enero porque se ponen a cero los contadores para todo 2012. Como me enfadé con la administrativa del gimnasio porque me han penalizado injustamente (yo llegué a las clases a tiempo!) he decidido aguantar sin reservar nada. De momento no me he quedado fuera de ninguna clase, ya veremos qué pasa de aquí a navidades…

Otra novatada obvia si no sabes el idioma es la clase en la que te metes. En mi primer mes estuve experimentando hasta encontrar clases más o menos normales. Un día fui a una clase que por la descripción en noruego y la traducción facilitada por mi amigo google era algo parecido al body pump. Pues bien… llego a la clase y descubro que todas las noruegas (no había ni un chico), estaban perfectamente equipadas con varias pesas pesadas (nada de tonterías de 2 ó 3 kilos si puedes coger mancuernas de 5 ó más, hombre!!!), barras y discos. Yo decidí quedarme en una esquina e intentar pasar desapercibida porque pensé que eso de hacerme la guay el primer día no merecía la pena y como no tenía muy claro cómo iba a ser la la clase cogí pesos más ligeros. Y menos mal, porque eso parecía ¡un entrenamiento de halterofilia! Una y no más… menuda burrada de clase, yo creo que era hasta peligrosa si no sabes coger bien los pesos, en serio. De hecho, una australiana que vivía conmigo en la residencia del primer mes fue a esa clase también por error y me dijo lo mismo. Y ella había trabajado de monitora de gimnasio y estaba bastante más en forma que yo, así que digo yo que no era cosa mía.

Dispuesta a encontrar una clase más normal decidí meterme en una clase de aeróbic. Hay dos niveles, el rojo y el azul. Vista la experiencia de la clase de “body pump” opté por el nivel azul, por eso de que se supone que es más sencillo. Pues tela marinera. La misma sala que la otra clase, esta vez llena de unas 50-60 noruegas como mínimo (estábamos de 8 a 10 por fila y había más de 6 filas…). Esta vez me vine arriba y decidí que mis horas de gimnasio tenían que servir de algo y que no podía ser más descoordinada que las noruegas y me planté en una orgullosa segunda fila allá por mitad de la fila, bien centradica y dispuesta a darlo todo. Pues bien, lección 2: jamás hagas eso a no ser que conozcas a las que tienes alrededor o la clase se convierte en una clase de boxeo prácticamente. Creo que pegué más botes tratando de evitar patadas y puñetazos que siguiendo la coreografía. A todo esto, la profesora iba a toda pastilla y no explicaba nada (como si lo hubiera podido entender, pero ese es otro tema…), con lo que más de la mitad estábamos perdidas (no voy a decir que yo iba bien porque cuando la tía empezó a combinar giros con patadas y puñetazos me costó un poquillo coger el ritmo). ¿Y qué implica que más de la mitad de la clase esté perdida? Pues que eso era un sálvese quien pueda, tú muévete y haz como que estas haciendo la coregrafía, da igual cómo. Conclusión: Carla acabó en un lateral de la clase porque las noruegas no solo dan patadas y puñetazos, sino que también te quitan el sitio si les da la real gana cuando al girar dan más pasos de la cuenta o pegan un bote demasiado grande. Y claro está, antes de poner en peligro mi integridad física yo decidí moverme como ellas y retirarme discretamente hasta un lateral.

Y si pensáis que mis peripecias acabaron allí ¡estáis muuuy equivocados! Todavía me quedan por contar las clases de spinning, fitball, pilates, yoga… yo he seguido probando hasta encontrar algo más normal (al menos para mí). Pero eso ya os lo cuento en otra entrada mejor, ¿no?

Por cierto, el otro día le prometí a mi prima Irene que le dedicaría la próxima entrada que escribiera, así que esta entrada va dedicada para ella :P

¡Hasta la próxima!

Carla

Noches verdes :O

Hace ya muuucho tiempo que tengo pendiente actualizar el blog y actualizaros con mis batallitas por las tierras nórdicas. Casi hasta me da vergüenza cuando veo la fecha de publicación de la última entrada, pero estos últimos 3 meses (wow, ¿tres? ¡Si que pasa rápido el tiempo!) han sido muy intensos.

Os parecerá curioso aunque los que me conocéis sabéis lo aficionada que soy yo a hacer listas de cosas, y cómo no, tengo una lista de futuras entradas del blog. Cada vez que me pasa algo curioso o que hago algo que me apetece compartir con vosotros (principalmente familiares y allegados que con paciencia de santos leéis mis entradas kilométricas), saco mi lista mágica y lo apunto. Lo que pasa es que luego siempre acabo sin encontrar el momento de plasmar sobre este papel virtual todo lo que me ronda por la cabeza. Y cuando lo pienso recuerdo cómo mi buen amigo Olli me advertía acerca del peligro de los blogs, y cómo al principio lo coges con mucha ilusión y luego va pasando el tiempo y lo vas dejando, lo vas dejando, y de repente han pasado ¡3 largos meses en mi caso!

Tengo que agradecer a mi amiga Vanesa un email de felicitación de cumpleaños con una llamada urgente a la actualización del blog porque ha logrado que por fin me ponga a contaros algo (Vane, te prometo no tardar tanto en contestar a tu correo).

En fin… ¿Por dónde empiezo? Como si sigo el orden de la lista corremos el peligro de no llegar al día de hoy hasta dentro de unos meses, voy a empezar por compartir con vosotros uno de los mayores espectáculos de la naturaleza (en mi humilde opinión, claro): las auroras boreales. Cuando vine a Bergen ya me dijeron que se podían ver auroras, pero que la temporada era más bien entre febrero y marzo. Pues bien… resulta que ayer por la noche la naturaleza nos regaló unas imágenes impresionantes. Yo las he tenido que ver en el periódico, pero esta noche las voy a ir a buscar para verlas en vivo y en directo. Dicen que se va a repetir y ¡esta vez no me lo quiero perder!

Prometo volver pronto y contaros algo de esa larga lista de temas pendientes que tengo. Mientras tanto, ¡disfrutad del espectáculo!

(si hacéis clic en la imagen llegaréis a la noticia del periódico donde han publicado más fotografías de lo que se vio ayer).

Mi impresión “desde dentro”

Hace 10 días sucedió algo que conmovió el mundo entero como todos sabéis. No voy a relatar aquí lo que ya sabemos todos y ha recibido amplia cobertura mundial, pero sí me gustaría compartir cómo ha sido vivir todo esto desde el “meollo” de la cuestión.

Todo empezó con un mensaje privado por facebook de mi amigo Pablo… “acabo de leer lo de Oslo, supongo que estás bien, luego seguiré leyendo para ver qué ha pasado exactamente…” (o algo parecido). Yo estaba currando y la verdad es que no había visto las noticias, así que vivía totalmente ajena a la tragedia que acababa de sacudir todo el país. Rápidamente me fui a “san google” y vi lo que estaba pasando. La verdad es que cuando suceden cosas de estas uno nunca da crédito a lo que está leyendo.

Al salir de trabajar fui a casa y me encontré a mi compañera de piso pegada al televisor. Acababa de llegar de vacaciones y estaba totalmente alucinada. Desde la segunda guerra mundial no se había vivido tragedia igual en este país, considerado uno de los más seguros del mundo  (si no el que más), hasta ese viernes, en que los noruegos no entendían cómo un compatriota podía haber atentado tan brutalmente contra su propio país y dejaron de sentirse seguros.

Lo primero que me sorprendió fue lo contradictorios que eran los mensajes de la prensa internacional sobre la autoría. Aquí nunca se le dió tanto peso a la primera hipótesis que se manejó en la prensa internacional. Recuerdo haberme ido a la cama a las tantas de la mañana con dos versiones totalmente distintas de lo sucedido, la de la televisión y las noticias noruegas (que mi compañera de piso me iba traduciendo), y lo que leía en la prensa española, alemana, americana, inglesa…

La reacción de los noruegos fue la que era de esperar en circunstancias así y teniendo en cuenta que nadie había vivido nada semejante desde hace más de 60 años. Por desgracia yo creo que venir de donde vengo me ha creado un caparazón para que no me impacten tanto este tipo de noticias. En cierto modo reviví las noticias de aquel trágico 11 de marzo y recordé cómo también estaba en el extranjero (en Belgrado para ser exactos) y me enteré por un email de un amigo alemán deseando que toda mi familia y mis conocidos estuvieran bien y cómo aquella vez me sentí tan impotente y tan triste como veía ahora a mis nuevos amigos aquí. Pero esta vez mantuve mucho más la compostura por muy bien que comprendía cómo se sentían. Supongo que por la experiencia acumulada a las espaldas de muchos de los españoles.

En Bergen uno de los lugares de quedada más emblemáticos de la ciudad, la piedra azul, normalmente ocupada por gente que se sienta a esperar a sus amigos, se ha convertido en un homenaje a todos los fallecidos y sus familias. La piedra azul está ahora cubierta de velas, flores y cartas y cada día que paso por ahí me da la sensación de que hay más que el día anterior. El martes pasado nos manifestamos y fue realmente emotivo. A pesar de que casi todo noruega estaba de vacaciones, todo el centro de la ciudad se colapsó y realmente solo se veía gente y más gente desde una punta a otra, unidos por un mismo motivo. Obviamente y por ser coherente con el rechazo que este tipo de actos me producen, yo me uní a ellos para una vez más expresar que no estaba de acuerdo con lo sucedido, aunque esta vez no fuera en mi país.

Pero lo que yo quería recalcar en esta entrada no es el dolor y el impacto brutal de la sociedad, si no la reacción ejemplar que han tenido como nación empezando por sus políticos, que fueron capaces de dejar a un lado sus ideologías para apoyarse mutuamente y enviar mensajes tranquilizadores a sus compatriotas. “Hay que permanecer unidos”, dijeron, y ellos fueron los primeros en dar ejemplo porque realmente creen que la manera de combatir este tipo de actos es mostrar una postura unánime al respecto, apoyarse y combatirlo con más democracia. Si he de quedarme con algo de todo este trágico suceso, es con eso, con la lección que han dado a muchos políticos los políticos noruegos y cómo toda la sociedad trata de permanecer unida y muestra su rechazo a lo sucedido y ofrece sus condolencias a las familias de las víctimas.

Ojalá no tuviéramos que hablar de este tipo de acontecimientos ni aquí, ni en España ni en ningún otro lugar del mundo. Ojalá se pudiera evitar este dolor a tantas familias. Y ojalá los noruegos tengan suerte y la reacción que han tenido haga que aquí no vuelva a suceder nada igual.

Un abrazo,

Carla

Anécdotas de gimnasio I

Hola de nuevo!

Desde que volví de mi visita a España he estado bastante liada y no encuentro el momento para escribir, pero me he dicho que de hoy no pasaba… Y entre las cosillas que tengo pendientes de escribir, hoy os voy a contar cómo funciona el gimnasio de la uni, que también tiene su miga ;-)

Todo empieza el día que te das de alta en el gimnasio, obviamente. Tras negociarlo con la señorita de la entrada (hubo algún momento en que parecía un bazar más que un gimnasio), logré que por el módico precio de 500 NOK (unos 65 euros) me hicieran un carnet válido para dos meses. Al parecer aquí solo te puedes abonar si lo haces por semestres y si te incorporas a mitad pringas porque realmente pagué la mitad de lo que me va a costar renovar por 6 meses (entonces está realmente bien de precio!)

Total, que después de obtener mi flamante carnet con el nombre de  ”Carla Escartín” porque por algún extraño motivo mi primer apellido no lo vieron o pensaron que era parte del nombre (esto de los nombres da para otra entrada…), inocente de mí pregunté: ¿tenéis alguna hoja con horarios, etc.? Y la chica amablemente me remitió a la web noruega del gimnasio, con lo que me quedé con las ganas de enterarme hasta que llegara a casa.

Vuelvo a casa, me conecto, y resulta que en inglés hay solo una mínima parte de lo que hay en noruego (básicamente una descripción del gimnasio), por lo que de repente tuve que espabilarme para lograr enterarme de los horarios de las clases. Teniendo en cuenta que además hay 3 gimnasios cerca de mi casa de los 5 que tiene la uni, os podéis imaginar mi gran caos inicial tratando de entender las clases y los sitios donde se impartían… Pero eso es una mera anécdota en comparación con la experiencia de intentar ir a una clase porque… ¡hay que reservar una plaza para poder ir!

Después de averiguar la clave para acceder a la página de las reservas constaté una cosa: si quieres una plaza tienes que reservar más bien pronto o te quedas sin… Y por más bien pronto me refiero a que se puede reservar a partir de las 7 de la mañana con 2 días de antelación y que los noruegos lo hacen, ergo las plazas se acaban! Suerte que yo llegué cuando el semestre terminaba y poco a poco la gente se fue de vacaciones, porque si no me habría tenido que poner el despertador solo para reservar clases para dentro de dos días.

Y si pensáis que la cosa termina ahí, nooooo además de reservar, tienes que sacar un “ticket” para poder entrar en la clase hasta 3 minutos antes de que empiece y si no vas o no entregas el ticket te penalizan. De hecho, se ve que solo puedes “faltar” después de haber reservado 4 veces en todo el semestre y si no te bloquean la página de reservas… Pero tranquilos, que como aquí todo es previsible, puedes anular tu reserva. Eso sí, hay que hacerlo unas 2-3 horas antes de la clase. A partir de entonces ya la has liado porque no es posible… Vamos, que si te sale un plan tiene que ser o con mucha antelación o tienes que postponerlo hasta después de cualquiera que sea la clase que hayas reservado :-P

En la próxima entrada os cuento más cositas del gimnasio, que también da para largo…

Un abrazo!!!

Carla

 

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